Cafés adelgazantes, una fórmula poco milagrosa

Hace poco un paciente pidió mi opinión sobre un producto que empezaba a distribuirse en su círculo social y que decían maravillas sobre su efecto adelgazante. Supuestamente, es un café “supernatural” que ayuda a perder peso, reduce el cansancio, mejora la memoria y miles de efectos maravillosos más (por lo visto también mejora la vida social del que lo toma).

Al estudiar la composición observé que era un producto que podía llevar algo de café, pero por la gran cantidad de productos que contenía, lo normal hubiera sido que se vendiera prescrito y en la farmacia. Unos componentes, de resultados dudosos y otros de efectos muy peligrosos, sobre todo si se asocian a la cafeína que debe llevar un humilde café.

Pero lo que más me llamó la atención es que escondido entre tantos componentes estaba agazapado la anfetamina. Eso sí, con otro nombre pues son modificaciones químicas que se han ido produciendo en el tiempo. Anfetamina fue lo que se daba durante la segunda guerra mundial a los combatientes para: aumentar el estado de alerta, disminuir el cansancio y la necesidad de sueño, disminuir el hambre (era necesario racionar el rancho, no había para todos) y aumentar así, la capacidad de esfuerzo y sacrificio.

Pues bien, si leéis el prospecto de los beneficios que venden con estos productos veréis como coincide con los efectos que acabo de citaros. Lo que no dice es como acaba uno al tomarlo de forma continuada.

Se les conoce con diferentes nombres químicos como 2-amino-6-methylheptane, 2-amino-5-methylheptane, octodrine…o, incluso, como extractos naturales de plantas o cortezas. En resumen y para agruparlo bajo un mismo nombre también se le denomina DMHA

Las anfetaminas y derivados han sido un clásico en el tratamiento antiobesidad. Se vendían bajo receta o bajo cuerda, considerado como estupefaciente ilegal (¿os suena entre otros la metanfetamina o cristal?) dado que generan adicción si se toma sin control.

Hace dos o tres décadas que se prohibió su comercialización para adelgazar tanto en fórmula magistral (elaboradas por el farmacéutico en su rebotica o comprado por correo como las “pastillas de córdoba”) como en fármacos de laboratorio (como finedal, bustaid, centramina, etc) por su peligro inmediato como por sus efectos a largo plazo (Más información). Hoy día se usa solo por especialistas y solo determinados tipos de estos fármacos en varias enfermedades como por ejemplo en niños con trastorno de hiperactividad por déficit de atención (THDA).

Recuerda

  • Todo lo que sea comercio piramidal es como poco sospechoso.

  • Todo producto que influye directamente sobre nuestra salud que se venda fuera del control de profesionales sanitarios es sumamente arriesgado y peligroso.

  • Olvidaros de las dietas milagro, no existe fórmula mágica que no necesite esfuerzo por nuestra parte,

    LOS REYES MAGOS ESTÁN PARA OTRAS COSAS

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Dr. Adrián Molero
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