Efecto rebote, como evitar que se produzca

Cuando una persona vuelve a hábitos antiguos y negativos, en medicina la denominamos recaída. Esta vuelta atrás es muy frecuente en estos tipos de tratamientos y no debemos pensar solo en obesidad, también es muy frecuente:

  • En el tabaquismo.
  • Cuando se decide tener una actividad física mas activa.
  • Modificar nuestros hábitos después de un infarto de miocardio, diabetes, etc.

Cuando se habla de obesidad utilizamos un término que siempre me ha parecido negativo y excluyente de la propia responsabilidad, el tan traído y llevado “REBOTE”.

Parece como si una vez se ha adelgazado fuera inevitable recuperar el peso inicial y rebotando cual pelota de goma. Esto no es así en nuestros días. La nutrición humana ha progresado tanto, como el resto de la medicina, que los conceptos actuales de nutrición están a años luz de los noventa.

Hoy en día, hemos incorporado ciencia y métodos que ayudan a consolidar y mantener nuevos hábitos y estilos de vida que hacen compatibles mantener un cuerpo sano y una mente satisfecha con el placer de la gastronomía.

Esta ciencia de la que hablo tiene diferentes puntos de enfoque y de hecho se denomina “tratamiento motivacional”, “mantenimiento de nuevos hábitos”, etc..

Está dentro de terapias cognitivo-conductuales que los médicos debemos de aprender para que el paciente vaya resolviendo sus propios conflictos personales o sociales entre lo que le apetece y lo que le conviene y, por supuesto, que la decisión tomada sea plenamente satisfactoria. Es lo que en resumen llaman “aprender a comer”.

Aprender a comer lo desea el 90% de los pacientes que se acercan a una consulta médica para curar su obesidad o, simplemente, para prevenirla.

Sin embargo, dentro de este porcentaje otro tanto de pacientes no consigue mantenerlo (los franceses en los años 90 hablan de recaídas del 85% y los norteamericanos en trabajos recientes hablan del 95%).

Factores que influyen en la recaida

  1. Inercia de la población en la convicción generada antiguamente por los propios profesionales que lo importante es exclusivamente la dieta. Por eso tiene tanta importancia la aparición de revistas, libros, Internet, etc. Que, según la moda, aparecen como la dieta definitiva siempre que sigas sus simples recomendaciones.
  2. No conocer que nuestra alimentación (superabundante) debe ser modificada como un nuevo aprendizaje de habilidad adquirida tal y como lo fueron la higiene personal o la lecto-escritura. Estos hábitos no son innatos en el humano, han sido enseñados por padres y maestros en la convicción del beneficio que reportan a pesar del esfuerzo inicial y del reniego de los niños. La humanidad lleva cientos de miles de años con una alimentación precaria y solo a partir de los años cincuenta del siglo pasado, occidente empezó a alimentarse en exceso, por eso deberíamos empezar a reconsiderar como muy importante el “aprender a seleccionar que comemos”.
  3. Empezar una dieta tradicionalmente, esto es, como premio y castigo. Si consigue bajar de peso, el médico debe premiarle con algo que le apetezca y si “se porta mal” comprende que se le imponga una dieta “castigo”. En realidad, el tratamiento debe ser mas gratificante, se basa en el “ensayo -error”. Una vez pactado el tratamiento dietético previsto para esa semana según sus necesidades y circunstancias sociales, el paciente debe aprender a resolver las dificultades que le vayan surgiendo. Si no lo consigue, se analiza en que se equivocó y comprender como podría en otra situación similar solucionar el conflicto. De este modo se aprende a evitar “arrepentimientos” durante el tratamiento y a saber elegir el momento para disfrutar de lo que apetece.
  4. La dieta es de por vida. Es un error es su propio concepto, lo que si es de por vida en este caso es recomenzar tantas veces como tantas veces se abandona. Si en el último intento, nos proponemos firmemente que este será, efectivamente, el definitivo las probabilidades de éxito se multiplican. Si de los errores aprendemos, cada vez que lo intentemos tendremos mas reforzado las ganas de corregir nuestro problema. Por ejemplo, para abandonar el tabaco se ha calculado que como media de intentos en aquellos que lo consiguen es de siete veces – por lo visto, unos a la primera y otros al catorceavo intento- pero lo acaban consiguiendo. ¿Por qué? Muy sencillo, su determinación a dejarlo y aprendiendo de sus recaídas.

Modificar nuestro hábito alimentario es muy similar, la diferencia está en aprender a elegir el que, como y cuando hay que disfrutar de la comida o de la bebida sin ningún tipo de miedo a ningún alimento.

Por tanto, si tenemos en cuenta que el éxito del tratamiento debe de ir junto a la corrección del peso el aprender la habilidad de compaginar nuestra vida con el paladar.

Y si durante el tratamiento vamos adquiriendo conocimientos que nos haga mas claro nuestros objetivos y como conseguirlos ES IMPOSIBLE EL “REBOTE”.

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