¿Necesitamos la quinoa en nuestro organismo?

Lo más destacado es que la quinoa, por su alto valor nutritivo, es un cultivo de alto potencial, esencial para la salud alimentaria en zonas donde la población no tiene acceso a otras fuentes de proteína. Pero en nuestro país, donde ya hay una gran oferta alimentaria suficientemente equilibrada, deberíamos consumirla sólo como complemento de una alimentación diversificada.

En el año 2013, tras declarar la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) como “año internacional de la quinoa” sobre todo para países desnutridos, hubo un boom en el consumo de quinoa en todo el mundo occidental, de tal manera que este grano consumido por los Andinos desde hace miles de años como alimento básico y al que los Incas llamaban “el cereal madre” se puede encontrar en la actualidad fácilmente en nuestros supermercados y tiendas de alimentación.

Y es que es cierto que el valor nutricional de la quinoa es indiscutible, contiene más proteínas que el arroz, el maíz o el trigo y además son proteínas de alto valor biológico, es decir, que tiene todos los aminoácidos esenciales que son aquellos imprescindibles para el ser humano pero que nuestro organismo no puede sintetizar y depende de su aporte exterior, lo cual es muy útil en dietas con bajo aporte proteico como vegetarianas y veganas. Contiene vitaminas del grupo B, vitamina E y minerales como el calcio, magnesio, fósforo, cinc, potasio y hierro, aunque los niveles de fósforo y cinc son mayores en el trigo.

Otras ventajas es que no contiene Gluten, siendo apto para celiacos y si bien su nivel de grasa es mayor que en otros cereales su consumo sigue siendo saludable. Tiene también más fibra que la mayoría de los cereales, pero menos que las leguminosas y además contiene altas cantidades de flavonoides, potentes antioxidantes vegetales que tienen muchos efectos beneficiosos para la salud.

Alto contenido en vitaminas, minerales y exenta de gluten

Hay que tener en cuenta que en la capa superior de las semillas se encuentran unas sustancias (las saponinas) que interfieren en la absorción de los minerales, por lo que hay que lavarla previamente. Afortunadamente en la mayoría de las marcas que se encuentra en el mercado ya está hecho este proceso. También contiene oxalatos (como por ejemplo en el tomate) que altera la reabsorción de calcio y magnesio, tema importante para personas que padecen cálculos de estos cristales.

Nuevos “superalimentos” de cultivo milenario van apareciendo en los mercados. El Amaranto, cultivado en Méjico y países andinos con alto nivel de proteína y minerales, sin gluten y que también forma parte de la dieta de los astronautas desde 1985 al igual que la quinoa. El Freekeh o la Espelta. ¿Serán estos los que se pondrán de moda en los próximos años?

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