Sí es posible

Cuando se toma la decisión de iniciar un tratamiento dietético es importante tener claro que el objetivo no es solo perder peso y recuperar un peso saludable para nuestro cuerpo, sino que este estado de salud debe persistir a lo largo del tiempo. Para conseguirlo, el hábito alimentario (que no la dieta) debe de modificarse de por vida.

Al finalizar el tratamiento dietético y completada la fase posterior de mantenimiento, que es imprescindible para normalizar de forma ordenada la alimentación, se programan una serie de revisiones periódicas, a lo largo del primer año, que es el periodo donde hay mayor riesgo de recaídas y se necesitan un mayor refuerzo.

Cuál es la situación real de nuestro cuerpo y mente

  • Un cuerpo sano, con una adecuada relación entre la masa muscular y la masa grasa y con un IMC (índice de masa corporal) dentro de la normalidad.

  • Unos hábitos dietéticos adquiridos durante todo el tratamiento, que el paciente sabe que deben ser mantenidos para siempre:

  • Beber 2 litros de agua al día.

  • Masticar despacio.

  • Realizar 5 comidas diarias a intervalos de 3 a 4 horas.

  • Practicar habitualmente ejercicio.

Estos hábitos son fundamentales para mantener el peso deseado.

  • Capacidad para reconocer los errores alimentarios que le llevaron al exceso peso y valorarlos en su justa medida, sin quitarles importancia:

  • Picoteo durante el día.

  • Cantidades excesivas de comida.

  • Alimentación emocional.

  • Restricciones severas que conllevan a excesos posteriores.

Siendo consciente de que no puede volver a sus antiguos hábitos si quiere mantener el cuerpo dentro de su banda de salud.

  • Durante el tratamiento se ha entrenado al paciente a reconocer «situaciones de riesgo» como comidas familiares, reuniones con amigos, celebraciones, vacaciones o viajes y prepararse para mantener una alimentación adecuada, sin estrés, que le permitan salir airoso de estas situaciones y disfrutarlas como lo que realmente son, algo divertido.

  • Se adquiere la capacidad de reconocer situaciones de alerta que pueden anunciar posibles recaídas, lo que permite poner los medios adecuados para evitarlas.

El uso de estas habilidades adquiridas a lo largo del tiempo facilita que el hábito alimentario vaya cambiando, así como la actitud ante la comida, con naturalidad y sin sufrimiento.

Al igual que en todo cambio de conducta, la constancia es fundamental en el cambio de los hábitos alimentarios.

Al finalizar el tratamiento nutricional no estamos «vacunados» contra el sobrepeso, pero sí estamos «preparados» para evitarlo y no volver a una situación no deseada que nos produce insatisfacción y disgusto.

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Dra. Reyes Salvatierra
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