Velemos por hacernos mayores vigorosos y no viejos prematuros

Cada vez es más importante valorar los niveles en sangre de vitamina D en nuestro entorno porque existen varios factores que hacen que nosotros, los mediterráneos, tengamos, en el mejor de los casos, unos niveles similares a los centroeuropeos. Estos niveles son muy bajos para nuestro organismo, a pesar del sol y de la conocida dieta mediterránea.

¿Qué es lo que ha pasado para que el déficit de vitamina D sea una constante en la población?

Existen varios factores, pero el principal es que nuestra alimentación ha cambiado. La valorada dieta mediterránea ya no es tal, al reducir una serie de alimentos que son fuente de vitamina D como las grasas, los huevos, la leche entera, pescados y en algunos vegetales.

Además, pese a tener un sol mucho más intenso que en Centroeuropa, el buen criterio de prevención de los dermatólogos para prevenir el cáncer de piel, hace que nuestra exposición solar esté protegida, evitando que se active la vitamina D en nuestro organismo.

Habría que añadir asimismo otros factores ambientales como la presencia de disruptores metabólicos, que nos lleva a un déficit muy acusado de la vitamina D.

¿Qué provoca en nuestra salud el déficit de vitamina D?

Un déficit prolongado de vitamina D nos lleva a un estado inflamatorio crónico de baja intensidad, que a su vez provoca un descenso más acusado de la propia vitamina D y, en consecuencia, un descenso en nuestras defensas. Sin olvidar que este estado inflamatorio de baja intensidad, a su vez, conlleva un aumento de la resistencia a la insulina y este al llamado síndrome metabólico que es considerado por la comunidad médica como una de las enfermedades por excelencia del siglo XXI.

¿Cuáles son las consecuencias en nuestro cuerpo de ese síndrome metabólico derivado, en su origen, de un déficit de vitamina D?

  • Obesidad central caracterizada con la famosa “barriguita cervecera”

  • Hipertensión

  • Aumento colesterol y/o triglicéridos

  • Hiperglucemia estado prediabético y al final Diabetes tipo 2 (DT2)
  • Estado protrombótico, lo que puede facilitar trombosis cerebro vasculares o de otra índole

  • Hepatopatía no alcohólica
  • Gota (hiperuricemia)
  • Apnea del sueño
  • Relación de un mayor riesgo en determinados tipos de cáncer

La relación de este síndrome con el déficit de vitamina D comenzó a confirmarse a través de múltiples trabajos, como el realizado por la Universidad Alcalá de Henares (DOI: 10.1016/j.endonu.2014.12.008) en él 2015.

No es tiempo de alarmarse sino de cambiar nuestra concepción de la importancia de la vitamina D en nuestro cuerpo y como, por el cambio de la sociedad, sus niveles se han visto alterados en nuestro organismo.

Por ello, desde aquí, hacemos un llamamiento a la comunidad médica para que al solicitar una analítica sanguínea consideren la valoración de esta vitamina tan importante como la de conocer los valores del colesterol o las transaminasas (perfil hepático) en nuestros pacientes.

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Dr. Adrián Molero
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